*Por Pat Alacqua para Addicted 2 Success.
Nadie construye una carrera completamente solo. A lo largo de mi vida he comprobado que detrás de cada avance importante siempre hay uno o varios mentores: personas que vieron en mí un potencial que aún no era evidente, que me empujaron a crecer cuando todavía resultaba incómodo y que me ayudaron a superar obstáculos antes de que se convirtieran en límites permanentes. La mentoría no es un complemento agradable, es un verdadero motor de transformación.
Entendí esto desde muy temprano, cuando inicié mi primer negocio poco después de salir del colegio: una pequeña empresa de concreto llena de entusiasmo, pero con muchas carencias técnicas. No sabía cómo fijar precios, calcular proyectos o anticipar problemas. Fue entonces cuando apareció mi tío, un veterano del sector, quien no me dio listas ni fórmulas rápidas, sino algo mucho más valioso: me enseñó a pensar con anticipación, a detectar fallas pequeñas antes de que se volvieran costosas y a liderar con disciplina en lo cotidiano.
Esas enseñanzas no solo me ayudaron a mantener el negocio a flote, sino que se convirtieron en la base de todo lo que vino después. La mentoría no elimina los desafíos, pero acelera enormemente la capacidad para enfrentarlos con criterio y confianza. Esa diferencia marca carreras enteras.
Años más tarde, cuando asumí la dirección de una academia deportiva juvenil que atravesaba dificultades, confirmé nuevamente el poder de la mentoría. No se trataba solo de recuperar un negocio, sino de reconstruir la confianza de jóvenes atletas y líderes en formación. Más que gestión, necesitaban visión, acompañamiento y alguien que creyera en lo que podían llegar a ser, incluso cuando ellos mismos aún no lo veían.
En ese proceso entendí que la verdadera mentoría no consiste en decir qué hacer, sino en transformar la forma de pensar. Los mejores mentores no entregan mapas cerrados, sino brújulas. En la academia apostamos por un enfoque integral: fortaleza mental, liderazgo, responsabilidad personal y disciplina, junto al rendimiento deportivo. Al crecer las personas, el proyecto también creció.
Hoy, dar mentoría a otros no es un pasatiempo para mí, es una parte central de cómo entiendo el liderazgo. Los grandes líderes no solo construyen empresas u organizaciones, construyen otros líderes. El impacto real no se mide únicamente por los logros propios, sino por lo que otros alcanzan gracias a cómo fueron guiados.
Por eso creo que es clave redefinir qué es mentoría. No es tomar café de vez en cuando, ni dar consejos solo cuando los piden, ni animar sin exigir. La mentoría auténtica ayuda a pensar más allá de las limitaciones actuales, construye una confianza sólida, enseña a decidir bajo presión y fomenta la independencia.
Con el tiempo he aprendido que dar mentoría no es caridad, es legado. Al ayudar a otros a avanzar más rápido y con mayor solidez, uno también crece como líder. A mí, los mentores —visibles y silenciosos— me ayudaron a acortar el camino, superar barreras y llegar más lejos de lo que habría logrado solo. Por eso estoy convencido de algo fundamental: vamos más lejos cuando avanzamos juntos.
Vía | Addicted 2 Success
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