De acuerdo a una reciente publicación de Direct Selling News por el CEO de la DSA de los Estados Unidos, Dave Grimaldi:
La industria de la venta directa en Estados Unidos mueve cerca de 40 mil millones de dólares al año y ofrece oportunidades de ingresos a más de 13 millones de personas, de las cuales el 75 % son mujeres. Para muchas familias, esta actividad representa una fuente clave de dinero para cubrir gastos cotidianos como alimentos, servicios públicos o cuidado infantil. Sin embargo, a pesar de su tamaño e impacto, esta industria enfrenta una creciente presión regulatoria por parte de la Comisión Federal de Comercio (FTC).
En términos simples, la FTC es la entidad encargada de proteger a los consumidores en Estados Unidos. No obstante, el sector de la venta directa sostiene que la agencia está actuando más como un adversario que como un aliado, lo que está generando efectos reales en el mercado, incluyendo la pérdida de oportunidades de ingresos para miles de personas.
Un ejemplo reciente es el caso de Forever Living, que el 2 de abril de 2026 anunció que dejará de ofrecer oportunidades de negocio en Estados Unidos para nuevos consultores. La empresa explicó que los cambios constantes en las expectativas regulatorias han creado un nivel de riesgo alto y difícil de manejar, no solo para sus operaciones en ese país, sino también a nivel global.
Según la industria, este tipo de decisiones no significa que las empresas quieran evadir responsabilidades. Por el contrario, argumentan que las reglas actuales son tan cambiantes y poco claras que incluso compañías que buscan cumplir la ley enfrentan incertidumbre sobre cómo operar correctamente.
Otro caso relevante es el de Neora. Después de siete años de investigación, un tribunal federal rechazó todas las acusaciones de la FTC, que señalaban a la empresa como un esquema piramidal. El tribunal concluyó que no había pruebas suficientes para respaldar esas afirmaciones y cuestionó la falta de criterios claros por parte de la agencia.
Este fallo es importante porque muestra que, en algunos casos, las acciones de la FTC no han sido sostenidas por evidencia sólida. Para el sector, esto refuerza la idea de que se están aplicando estándares ambiguos que dificultan el cumplimiento normativo incluso para las empresas que son responsables en cuanto a su cumplimiento normativo.
También se menciona mucho el caso de Herbalife, que en 2016 llegó a un acuerdo con la FTC por 200 millones de dólares. Sin embargo, con el tiempo surgieron dudas sobre la existencia de los consumidores afectados, ya que la propia agencia tuvo dificultades para identificar y compensar a las supuestas víctimas.
Además, ese acuerdo obligó a miles de distribuidores independientes a recopilar y almacenar datos personales sensibles de sus clientes para demostrar sus ventas, lo que, según la industria, contradice el objetivo de proteger la privacidad de los consumidores.
De acuerdo con representantes del sector, estos casos reflejan un patrón: investigaciones agresivas, reglas poco claras y requisitos que no se aplican a otros modelos de negocio. Como resultado, algunas empresas han optado por reducir o cerrar sus operaciones en Estados Unidos.
Frente a este panorama, la industria ha intentado colaborar creando mecanismos de autorregulación, como un organismo independiente que supervisa prácticas comerciales y exige correcciones cuando es necesario. Sin embargo, aseguran que estos esfuerzos no han sido reconocidos por la FTC.
Debido a todas estas eventualidades, la industria de la venta directa hace un llamado fuerte a establecer reglas más claras, basadas en evidencia, y a fomentar una relación de colaboración con las autoridades. Advierten que, de no cambiar la situación, más empresas podrían abandonar el mercado estadounidense, reduciendo las opciones para los consumidores y las oportunidades económicas para millones de personas que dependen del sector.
Vía | Direct Selling News.
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