Si lideras formación o marketing dentro de una empresa de venta directa, es muy probable que hoy estés sintiendo dos emociones al mismo tiempo: entusiasmo y preocupación. Entusiasmo porque la inteligencia artificial está ayudando a crear contenido de forma más rápida, sencilla y segura. Y preocupación porque la manera en que el campo está usando la IA empieza a chocar con lo que premian las redes sociales, con lo que exige el cumplimiento normativo y con lo que los clientes realmente confían.
En pocas palabras, el riesgo no es tecnológico, sino humano: estamos empezando a perder cercanía. Por eso, el rol del home office ya no es solo enseñar a crear contenido, sino proteger algo mucho más valioso: la confianza, la credibilidad y la reputación de todo el canal.
Las compañías que ganen en los próximos 12 a 18 meses no serán las que griten más fuerte «¡usen IA!», sino las que establezcan reglas claras y sensatas. Reglas que permitan aprovechar la tecnología sin perder lo humano, sin salirse del cumplimiento y sin ir en contra de los algoritmos de las plataformas.
Una de las tendencias más claras es que Instagram y Facebook están apostando con más fuerza por el contenido original y auténtico. Ambas plataformas han dejado claro que quieren recomendar a creadores reales, no a cuentas que solo repostean o agregan contenido de otros. Además, sus sistemas de recomendación priorizan la interacción significativa y el tiempo de visualización, no la cantidad de publicaciones.
Para los equipos de personas que trabajan desde el hogar, esto implica actualizar la formación: enseñar a crear, no solo a compartir. Es clave animar al campo a usar plantillas o ideas, pero siempre añadiendo contexto personal, una historia propia o su propia voz. También ayuda ofrecer una cadencia simple y sostenible de contenido semanal, y premiar no solo lo «bonito», sino lo que genera conversación y confianza.
Otra realidad importante es que el contenido generado con IA está siendo cada vez más etiquetado y vigilado. Meta está ampliando las etiquetas de «Hecho con IA» y exige mayor transparencia, porque las personas están empezando a desconfiar de lo que ven. No es casualidad: se estima que más del 40 % del contenido actual ya tiene algún nivel de generación automática.
El problema no es la IA en sí, sino el contenido genérico, repetitivo y sin alma. Las plataformas están mejorando mucho en detectar este tipo de publicaciones y reducir su alcance. Por eso, es fundamental enseñar al campo la diferencia entre usar la IA como asistente y usarla como reemplazo de la persona.
Como asistente, la IA es excelente para ideas, estructura, edición, claridad, captions o reutilización de contenido. Como reemplazo, es peligrosa: publicaciones sin historia, sin opinión y sin experiencia real. El home office debería ofrecer una política simple de uso de IA: apoyar el contenido, no inventarlo; revelar cuando algo es totalmente generado; nunca crear afirmaciones falsas de salud o ingresos; y, ante la duda, consultar con cumplimiento.
El video corto sigue siendo clave, pero ahora importa más la retención que la cantidad. Instagram y Facebook continúan favoreciendo Reels, pero el verdadero crecimiento está en crear videos que la gente termine de ver. Eso significa pensar en ganchos rápidos, una sola idea clara y una estructura sencilla que conecte con la vida real.
Esta es una buena noticia para la venta directa, porque se premia lo cercano y auténtico, no la producción perfecta. El entrenamiento debería enfocarse en «hacer Reels que se terminen», con líderes que modelen videos imperfectos pero constantes, y con bancos mensuales de ideas que fomenten historias, curiosidad y relación antes de la venta.
Al mismo tiempo, la publicidad y el cumplimiento están chocando con más frecuencia. El sistema de anuncios de Meta es cada vez más estricto y automatizado, especialmente con temas de salud, ingresos y transformaciones. Cuando el campo hace anuncios sin entender las reglas, el resultado suele ser frustración y dinero perdido.
Aquí el home office debe ser claro: si se permite hacer anuncios, hay que ofrecer plantillas aprobadas, marcos de copy cumplidos y listas sencillas de «banderas rojas». Si no se recomienda que el campo anuncie, también es importante explicar el porqué. Actualizaciones periódicas sobre políticas ayudan a reducir errores y confusión.
Al final, la tecnología seguirá avanzando y los algoritmos seguirán cambiando, pero hay principios que no se mueven: las personas compran a quienes conocen y en quienes confían; las plataformas premian lo real y útil; y la IA funciona mejor cuando ayuda a los humanos a mostrarse con más claridad, no cuando los reemplaza. Poner a la persona primero, usar la IA para apoyar y construir confianza antes que volumen es la fórmula para proteger el canal y crecer con solidez hacia 2026.
Vía | Direct Selling News.
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