Del deseo al éxito: Cómo establecer estándares es la clave para el triunfo real en la venta directa

El autor y mentor experto en venta directa, Bob Snyder, nos brinda una perspectiva clara sobre cómo el éxito real en el canal solo puede construirse a partir de acciones medibles, observables y estandarizadas.

16 de enero de 2026
Foto: Unsplash

*El siguiente artículo fue escrito originalmente por Bob Snyder para Business for Home y fue adaptado por el equipo editorial de Viva el Networking para el público de habla hispana.

De acuerdo a las más recientes investigaciones científicas la mayoría de las personas abandona sus propósitos de nuevo año antes de ver resultados —las cifras indican que cerca del 80 % de las resoluciones se dejan en el primer mes—. Esto no es ajeno al canal del mercadeo en red, espacio que también se enfrenta a un desafío estructural: dejar de depender de metas inspiradoras pero frágiles y avanzar hacia estándares sólidos que sostengan el desempeño a largo plazo.

Establecer estándares: la clave para el éxito en la venta directa

La diferencia es clave. Mientras las metas se apoyan en la motivación y la expectativa, los estándares se construyen sobre hábitos repetibles. En la venta directa y el marketing de redes, este contraste es aún más evidente, ya que el negocio no premia los deseos, sino la constancia diaria. Los líderes que destacan no lo hacen por soñar más grande, sino por ejecutar con disciplina.

Uno de los principales errores que mantiene estancados a muchos networkers es permanecer en lo que podría llamarse «modo meta». Declaraciones como «quiero ganar 10 000 dólares al mes» o «voy a reclutar diez personas este mes» suenan ambiciosas, pero si no están respaldadas por acciones diarias concretas, tienden a diluirse rápidamente.

Las metas, al ser externas, dependen del estado de ánimo, del impulso del momento o de circunstancias que no siempre están bajo control. Los estándares, en cambio, son internos: compromisos de comportamiento que se cumplen incluso cuando no hay motivación. En este modelo, la diferencia entre un desempeño promedio y uno excepcional no es el talento, sino la estandarización de acciones clave.

El corazón del negocio se encuentra en los estándares diarios. Actividades como establecer un número mínimo de contactos nuevos al día, dar seguimiento sistemático a prospectos, mantener conversaciones de producto alineadas con necesidades reales y dedicar tiempo al desarrollo personal constituyen las verdaderas actividades generadoras de ingresos. Son hábitos simples, medibles y fácilmente duplicables.

La presencia constante en redes sociales debe ser un estándar básico

A este nivel también entra en juego la presencia constante en redes sociales, no como un canal de venta agresiva, sino como una herramienta para mantenerse visible y relevante. Publicar contenido diario, mayoritariamente personal y de valor, permite construir confianza y permanecer en la mente del mercado sin caer en la saturación comercial.

Los estándares semanales, por su parte, son los que moldean el liderazgo. Espacios regulares de entrenamiento de equipo, revisiones del embudo de seguimiento, aprendizaje continuo sobre productos y prácticas de reconocimiento fortalecen la cultura y facilitan la duplicación. Lo que se celebra de forma consistente es lo que el equipo termina imitando.

Madurez estratégica y estabilización de los hábitos

A escala mensual, los estándares reflejan madurez estratégica. Lanzar campañas o retos sencillos, revisar el progreso en rangos y volumen, y sostener conversaciones uno a uno con líderes clave permite ajustar el rumbo y evitar que el equipo caiga nuevamente en un enfoque exclusivo de metas sin acción estructurada.

Estándares no negociables, la clave del compromiso a largo plazo

Para que estos estándares se mantengan en el tiempo, es fundamental hacerlos visibles y no negociables. Medir, registrar y revisar el cumplimiento genera integridad. Cuando hay fallas, no se trata de bajar el estándar, sino de corregir el comportamiento. Con el tiempo, estos hábitos se integran a la identidad del líder y dejan de requerir esfuerzo consciente.

El mensaje final es claro: en el mercadeo en red no se asciende hasta las metas, se desciende hasta el nivel de los estándares. Quienes entienden esto construyen equipos más estables, reducen el estrés operativo y crean un crecimiento sostenible. Las metas fluctúan; los estándares se acumulan. Convertir el estándar en estrategia es, hoy más que nunca, la verdadera ventaja competitiva.

Vía | Business for Home

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