*Con base en un artículo publicado por el consultor de venta directa Blake Mallen para Direct Selling News.
La próxima etapa de la venta directa no estará marcada por la recuperación, sino por la reinvención. Esa es la idea central que surge de una experiencia profundamente personal que transformó la visión de liderazgo del Blake Mallen y que posteriormente compartió ante miles de personas en una presentación de la Direct Selling University.
En enero del año pasado, su vida cambió de manera inesperada. Su familia fue una de las más de 7.000 que perdieron sus hogares en los incendios de Palisades, en Los Ángeles. En cuestión de horas, desapareció la casa que representaba años de trabajo, esfuerzo y construcción personal y profesional. Para agravar la situación, meses antes la aseguradora había cancelado su póliza. No había plan de recuperación ni red de seguridad. Solo la experiencia devastadora de ver arder su hogar.
Seis meses después, el contraste fue impactante: estaba en el escenario del AT&T Stadium en Dallas, frente a 15.000 personas, compartiendo una nueva visión de futuro. Ese salto entre la pérdida total y un escenario de liderazgo masivo provocó una reflexión profunda: no vivimos en un «después» permanente. No existe un punto final al que se llega y en el que todo queda resuelto para siempre.
En la cultura actual —y especialmente en la venta directa— se celebra el antes y el después, los momentos de quiebre, la transformación definitiva. Las redes sociales refuerzan la idea de que el éxito consiste en cruzar una línea y permanecer allí. Sin embargo, esa narrativa no es realista. No existe el «avance permanente». La vida y los negocios no siguen líneas rectas, sino ciclos. Las estaciones se superponen, la alegría y el dolor conviven, y el liderazgo puede coexistir con la pérdida.
A lo largo de 26 años en la industria —como distribuidor, fundador, propietario y ejecutivo— Blake Mallen ha identificado patrones claros en el ciclo empresarial: el comienzo lleno de visión y entusiasmo; la etapa de esfuerzo intenso; el impulso expansivo; la meseta con rendimientos decrecientes; la caída marcada por la duda; el valle dominado por el miedo; y finalmente, la reinvención, donde surge la transformación y la renovación. Este ciclo no ocurre una sola vez, sino repetidamente.
El verdadero riesgo no está en atravesar valles, sino en permanecer en ellos. Las empresas rara vez desaparecen en un momento dramático; más bien se desvanecen lentamente hacia la irrelevancia. Los líderes que sobreviven no son quienes evitan las crisis, sino quienes saben salir de ellas. La perspectiva es lo que convierte un valle en fracaso o en preparación para el siguiente crecimiento.
El propio recorrido profesional de Blake Mallen, un líder reconocido de la venta directa, refleja estos ciclos: comenzó como distribuidor en 1999, se retiró joven tras un éxito temprano, recibió luego la noticia del cierre de su empresa y tuvo que reinventarse. Durante la recesión de 2008 perdió el 90 % del negocio construido. Volvió a escalar, alcanzó nuevos picos y enfrentó nuevos descensos. La lección constante fue clara: nada dura para siempre, ni siquiera el éxito.
En uno de los momentos más difíciles, un mentor cambió su enfoque al señalarle que estaba mirando la «brecha equivocada»: comparaba el punto más alto alcanzado con la caída posterior. Esa comparación genera culpa y vergüenza. En cambio, debía observar la distancia entre el punto de partida y el presente. El poder del liderazgo no está en los resultados, sino en lo que se supera y en la persona en la que uno se convierte durante el proceso. Atar la identidad a cifras o rankings conduce inevitablemente al agotamiento.
Tras perder su casa, el instinto inicial fue querer «volver atrás», recuperar lo que se tenía. Pero comprendió que no había regreso posible. Lo mismo ocurre en la industria. La resiliencia no es regresar al pasado, sino avanzar hacia adelante. Implica soltar la historia anterior, asumir con honestidad la realidad actual y reformular la experiencia preguntándose qué está preparando esta etapa. Solo así el dolor puede transformarse en impulso.
El futuro exigirá un cambio profundo de mentalidad. Las organizaciones que permanecen ancladas en frases como «cuando éramos…» o «si pudiéramos volver a…» evidencian pensamiento basado en el pasado. El mercado, la tecnología, el comportamiento del consumidor y la cultura han cambiado. La reinvención comienza con alineación entre personas y propósito —directiva, inversionistas, líderes y comunidad— y con claridad en misión, visión y estrategia. La próxima generación de empresas de venta directa no nacerá desde la comodidad del impulso, sino desde el coraje de reinventarse en medio del proceso.
Vía | Direct Selling News
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