El mundo post «economía gig» o por qué el futuro pertenece a los que construyen relaciones

Después del increíble ascenso de las plataformas colaborativas, los emprendedores y empresas se están preguntando por las estrategias y acciones que pueden conducir a un crecimiento sostenible para el emprendedor de base.

13 de enero de 2026
Foto: Unsplash

Al cierre de 2025 no se produjo un cambio visible en balances ni en comunicados corporativos de la venta directa o de otras grandes compañías de servicios directos al consumidor, sino en algo más profundo: las conversaciones. En distintos países y sectores, personas provenientes del trabajo corporativo, la economía gig, el freelancing, el sector inmobiliario y el emprendimiento tradicional comenzaron a formular la misma duda esencial: las personas están trabajando duro, pero ya no tienen claridad de si el camino elegido realmente tiene sentido. Esa pregunta se ha convertido en el verdadero termómetro del momento económico actual. Esta es la gran pregunta que agobia a los emprendedores que se decantaron por la economía gig o colaborativa.

No se trata de que los modelos existentes hayan colapsado. El trabajo por plataformas sigue creciendo, las carreras corporativas continúan, y el emprendimiento tradicional mantiene su atractivo. Sin embargo, el riesgo se ha vuelto más visible, más concentrado al inicio y, en muchos casos, desproporcionado frente a las recompensas reales. En este contexto, la venta directa merece ser reevaluada no desde la emoción ni desde la defensa, sino desde una comparación objetiva entre rutas de generación de ingresos.

Qué dice la evidencia sobre el terreno

Diversos estudios recientes sobre el mercado laboral y la economía de plataformas coinciden en un patrón claro: los ingresos reales tienden a comprimirse cuando se consideran tiempos no remunerados, gastos operativos y volatilidad de incentivos. Los algoritmos gobiernan el acceso al trabajo, la visibilidad y la permanencia, mientras que los resultados económicos se concentran en una minoría. El trabajador asume la inestabilidad, el estrés y el riesgo de salida, sin construir un activo propio.

El problema central no es la falta de esfuerzo. La mayoría de las personas trabajan intensamente. La dificultad surge cuando eligen caminos donde el riesgo está mal distribuido, la retroalimentación tarda años en llegar, el control está fuera de su alcance o el costo de descubrir que «no era para mí» resulta financieramente devastador. Toda ruta tiene rotación; lo que importa es cuánto se arriesga antes de saber si encaja.

Las desventajas del camino tradicional de vida profesional

Cuando se aplican criterios comparables —capital en riesgo, tiempo de retroalimentación, dependencia estructural y facilidad de salida—, las diferencias entre modelos se vuelven evidentes. El recorrido universidad–empresa, por ejemplo, sigue percibiéndose como seguro, pero combina endeudamiento, alta desalineación entre estudios y empleo real, y una creciente inestabilidad laboral. Muchos descubren tarde y a alto costo que ese camino no se ajustaba a sus expectativas ni a sus habilidades.

El emprendimiento tradicional, aunque alineado con valores de autonomía y propiedad, concentra grandes riesgos desde el inicio. Requiere capital significativo, soporta costos fijos ineludibles y presenta tasas de supervivencia limitadas. En la mayoría de los casos, el cierre del negocio no implica una transición suave, sino pérdidas acumuladas tras años de inversión. El riesgo no es gradual: es intenso y temprano.

Modelos basados en activos, como el inmobiliario o ciertas plataformas intensivas en capital, ofrecen potencial de largo plazo, pero no son rampas de ingreso sencillas. Exigen apalancamiento financiero, tolerancia a ciclos de mercado, costos de mantenimiento y exposición regulatoria. De forma similar, el freelancing y el trabajo profesional en plataformas muestran mercados amplios pero resultados muy desiguales, con fuerte dependencia de sistemas de reputación y visibilidad que el trabajador no controla.

Las ventajas que distinguen a la venta directa

En este mapa comparativo, la venta directa ocupa una posición estructural distinta. Tiene rotación, como cualquier otra vía, pero gestiona el riesgo de manera diferente. Cuando se practica de forma ética y profesional, suele implicar una inversión inicial baja, ciclos de aprendizaje cortos, progresión basada en habilidades y relaciones, y una salida posible sin consecuencias financieras catastróficas. El riesgo es visible, ajustable y conocido desde el primer día.

Uno de los debates más recurrentes en torno al sector gira en torno al concepto de «ingresos pasivos». En realidad, ningún modelo económico sostenible funciona sin esfuerzo continuado. La clave no está en la ausencia de trabajo, sino en el apalancamiento del mismo. La venta directa no promete ingresos automáticos, sino ingresos apalancados: sistemas y relaciones que, una vez construidos, permiten que el esfuerzo genere resultados repetibles y crecientes, siempre que exista gestión y liderazgo.

Distintas formas de apalancamiento para el éxito en los negocios

Este enfoque no es exclusivo del sector. Todas las clases de activos crean apalancamiento de formas distintas: el inmobiliario mediante deuda y apreciación, las empresas tradicionales mediante operaciones, las carreras corporativas mediante posiciones, las plataformas mediante tiempo. La venta directa lo hace a través de personas, relaciones y distribución. Con menor capital en juego y mayor reversibilidad, ofrece una relación riesgo–beneficio especialmente atractiva para quien busca propiedad económica sin hipotecar su futuro.

En un entorno donde las personas ya no están dispuestas a asumir años de deuda sin retroalimentación, ni a depender de reglas que pueden cambiar de la noche a la mañana, este modelo adquiere una nueva relevancia. La venta directa no ofrece certezas absolutas, pero sí transparencia, control progresivo y una lógica clara de construcción de valor relacional. Para los emprendedores del sector, el mensaje es contundente: no se trata de prometer atajos en los que los resultados sean rápidos, sino de comunicar con claridad que esta es una de las formas más inteligentes de gestionar el riesgo y construir ingresos en un mundo cada vez más incierto.

Con información de Business for Home

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