Hay un tipo de trabajo que parece trabajo, ocupa como trabajo y cansa como trabajo, pero deja poco o ningún resultado relevante. Berto Pena lo llama «trabajo fake», y su diagnóstico incomoda porque describe la mayor parte de muchas jornadas: correos que no aclaran nada, reuniones de las que no sale nada, documentos que se retocan más de lo necesario, respuestas rápidas, comprobaciones, listas que se reordenan, presentaciones que se maquillan, consultas sueltas a ChatGPT.

La distinción que propone es simple y por eso sirve. El trabajo real también agota. La diferencia está en lo que devuelve: una solución, un avance, una entrega, algo construido. El trabajo fake consume los mismos recursos —tiempo, atención, energía— con un retorno ridículo o directamente negativo. Gasta la batería mental que hacía falta para lo importante y la gasta antes de llegar a ello.

Detrás está lo que Pena llama «ocupacidad»: la confusión entre estar ocupado y ser productivo, la gran mentira laboral del momento. Se ve todos los días en quien termina la jornada exhausto y sin poder señalar una sola cosa que de verdad haya movido. Estuvo ocupado. No avanzó.

El método que propone no pide una revolución, pide una prueba. Elegir una actividad fake de la semana y hacerle tres preguntas: ¿qué resultado tangible dejó?, ¿llegué a lo importante con batería disponible?, ¿con qué energía hago mi trabajo que sí cuenta? Con las respuestas sobre la mesa, la decisión es una de tres: eliminar esa tarea, reducirla o retrasarla a un momento en que no robe la mejor energía del día.

El acierto de fondo está en el orden. La mayoría organiza el día alrededor de lo urgente y deja lo importante para cuando quede hueco, que nunca queda, porque el correo y las rutinas drenan la batería primero. Pena invierte la secuencia: pensar en el trabajo que cuenta antes de que lo fake se coma la mañana. No es gestión del tiempo, es gestión de la energía, que es el recurso que de verdad escasea.

Que el trabajo canse no es el problema. El problema es de qué trabajo viene ese cansancio. Que canse el que cuenta.


Adaptado del artículo «El Trabajo Fake te Vacía Antes de Llegar a lo Importante» publicado originalmente en ThinkWasabi.

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