La expansión internacional es uno de los terrenos donde las compañías de venta directa más invierten y más dinero pierden. Cameron Bott, presidente de área para EMEA, LATAM y soporte global a líderes de Partner.Co, firma en Direct Selling News un análisis que apunta a la causa: las marcas confunden replicar con crecer. Bott llama a esa estrategia «el método IKEA» y explica por qué casi nunca funciona.
La idea, escribe, es la siguiente. La casa matriz desarrolla un manual: planes de compensación, eventos de reconocimiento, scripts de prospección, calendarios de incentivos. Cuando llega el momento de abrir un mercado, exporta el manual entero y espera ensamblaje perfecto. «Incluso armar un mueble puede ser difícil cuando las personas hablan el mismo idioma y comparten el mismo contexto cultural», ironiza Bott. Aplicado a un mercado nuevo, el resultado es siempre el mismo: el equipo local se siente atado, el corporativo se desconcierta y el sentido de propiedad sobre el negocio se evapora.
El punto que Bott más insiste en remarcar es operativo, no decorativo. «Entender la cultura no es una habilidad blanda. Es un requisito de negocio». Cambia todo: los disparadores de motivación, qué se percibe como reconocimiento, cómo se estructura un evento, qué tono funciona en la comunicación. Ignorarlo crea fricción. Entenderlo es la condición para crecer.
El ejecutivo recurre a un episodio personal para ilustrarlo. En sus primeros años en Japón, decidió reorganizar la oficina para que los empleados tuvieran vista a la ventana, una intervención bien intencionada y completamente leída al revés en la cultura local. En el código de oficina japonés, el lugar junto a la ventana se asocia históricamente con la salida de la empresa: empujar a un trabajador hacia ese espacio puede insinuar que se le quiere mover hacia la jubilación o el despido. «Se generó una cultura realmente tóxica porque yo no tenía idea de lo que estaba haciendo», recuerda Bott. «Las buenas intenciones no compensan la falta de comprensión cultural».
El tramo central del análisis sostiene una fórmula simple para resolver el dilema entre control y autonomía: la casa matriz da el tablero; el equipo local define las jugadas. «Definimos cómo se ve el éxito; el equipo decide cómo llegar», resume Bott.
El concepto del autor para delimitar dónde empieza una cosa y termina la otra es el de una cerca alrededor del negocio. Dentro de la cerca, todo es innovación. Fuera de la cerca, está la línea que no se cruza.
Lo innegociable, según el marco:
Lo que pertenece al líder local:
Para ilustrar dónde se rompe el balance cuando se va a un extremo, Bott cuenta una convención en Japón donde los líderes locales incorporaron motivos de Hello Kitty al branding del evento. La intención era conectar con la cultura local; el efecto fue desdibujar la identidad corporativa de la marca. La lección: «la localización funciona mejor cuando refuerza la marca, no cuando la reemplaza».
El marco operativo que Bott deja al final del análisis se resume en cinco movimientos:
1. Contratar por inteligencia cultural. El conocimiento local pesa más que las suposiciones de la casa matriz.
2. Dar tablero, no guion. Definir el resultado y dejar que cada mercado encuentre el camino.
3. Crear espacios de experimentación seguros. Permitir que la red pruebe ideas sin castigo si fallan.
4. Premiar las ideas, no solo los resultados. Buena parte de la innovación nace en la red, lejos del corporativo.
5. Construir circuitos de retroalimentación reales. Las grandes ideas viajan en las dos direcciones, de la calle al corporativo y de vuelta.
Bott trae como ejemplo histórico el Nutrition Club de Herbalife, uno de los pocos modelos que el sector recuerda como innovación nacida en la base que se volvió motor global. «El corporativo pudo haberlo bloqueado. Lo reconoció y lo escaló». Es la prueba de campo del principio cinco.
El cierre del análisis es directo. «Las compañías que prosperan internacionalmente no serán las que se replican a sí mismas con más perfección. Serán las que empoderan a sus líderes locales para adaptarse, innovar y construir, mientras mantienen el anclaje en una visión compartida». Crecer fuera no es exportar el manual. Es preparar el terreno para que cada mercado escriba el suyo dentro de la cerca correcta.
Adaptado del artículo «Building Beyond Borders» publicado originalmente en Direct Selling News.
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