La promesa de la tecnología es quitarte trabajo. La realidad, argumenta Berto Pena, es que muchas veces te lo añade en forma de peajes invisibles: unos minutos buscando algo aquí, una duda allá, una tarea manual que repites sin pensar. Cada peaje es diminuto. Multiplicado por cientos de jornadas, sale carísimo, y lo peor es que nunca llega la factura.

Pena identifica tres monedas con las que se pagan esos peajes —tiempo, energía y atención— y dos causas que los encarecen por encima del resto. La primera es la dispersión. La misma clase de información vive repartida entre el correo, el chat, las notas, las tareas, los documentos y los recordatorios, sin un lugar de referencia. «La dispersión convierte tu sistema digital en una ensalada de aplicaciones», escribe. El resultado no es solo perder tiempo buscando: es decidir con una imagen incompleta, repetir trabajo y olvidar compromisos.

La segunda causa es más incómoda porque apunta al usuario, no a la herramienta: no saber usar las apps que ya se tienen. Pena lo llama «una pandemia silenciosa». Profesionales con una caja de herramientas espectacular —Outlook, Excel, Teams, gestores de proyectos, IA— que solo saben usar el martillo. En lugar de aprender lo que su aplicación ya hace, salen a buscar otra nueva. El problema no era la app; era el desconocimiento, y ese viaja con la persona a la siguiente.

Detrás de todo esto opera una trampa mental que Pena señala con precisión: el sesgo de repetición. Si algo nos resulta familiar y aparentemente funciona, el cerebro deja de examinarlo. El «siempre lo he hecho así» blinda flujos de trabajo torpes que nadie vuelve a cuestionar. Ahí está lo peligroso de un sistema que «funciona» pero es ineficiente: no duele lo suficiente para arreglarlo, y por eso sangra en silencio.

Su solución no pide dominar nada a fondo, y esa modestia es lo que la hace aplicable. Se llama «una app, una fricción, una mejora»: identificar la aplicación donde pasas más horas, buscar un solo peaje —información duplicada, una acción manual repetida, algo que siempre quisiste y nunca aprendiste— y resolverlo en veinte minutos con una IA, un tutorial o la documentación oficial. Centralizar notas, borrar duplicados, crear una regla, usar una plantilla, aprender un atajo.

La tesis de fondo es sencilla y exigente a la vez. La tecnología no es neutral: si no la eliges, la ordenas y la aprendes con intención, no se queda quieta, empieza a trabajar en tu contra. La productividad no se gana instalando la próxima app milagrosa. Se gana quitándole a la que ya usas los peajes que llevabas años pagando sin darte cuenta.


Adaptado del artículo «¿Tus Apps Trabajan Contra Ti? El Precio de Tener un Mal Sistema Digital» publicado originalmente en Berto Pena – ThinkWasabi.

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