Antes de que Omnilife se convirtiera en un grupo con sede en Guadalajara integrado por 19 empresas y en una de las 200 corporaciones más grandes de México, su fundador, Jorge Vergara, se levantaba a las cuatro de la mañana para freír carne de puerco. El recorrido entre una cosa y la otra explica buena parte del carácter que la compañía imprimió a su modelo de venta directa.

En 1978, con 23 años, Vergara era subdirector comercial de Casolar, una empresa del Grupo Alfa. La crisis económica de los años ochenta torció su camino: la compañía quebró y él se quedó sin trabajo. Siguió entonces el consejo de un amigo y convirtió su afición por cocinar en negocio. «Mi hobby era cocinar y me puse a cocinar carnitas de puerco», contó años después en una charla TEDx.

La jornada era extenuante. «Me levantaba a las cuatro de la mañana para freír las carnes, hacía la carne y la salsa para los torteros de las ahogadas, las entregaba a las seis y luego iba a abrir mi propio changarro y así trabajaba todo el día», relató. Abrió además un restaurante italiano que atendía por la noche. Dormía cuatro horas y terminó enfermando. Ninguno de esos proyectos despegó.

El giro llegó fuera de México. Vergara emigró a Estados Unidos, donde un conocido lo acercó a Herbalife. A los 31 años alcanzó el primer lugar de ventas de Herbalife a nivel nacional en ese país. Esa experiencia con la venta directa lo llevó a asociarse en 1989 con dos empresarios estadounidenses para crear Omnitrition USA, cuyo producto principal era una vitamina líquida desarrollada por Durk Pearson.

Dos años más tarde, el proyecto llegó a México bajo su responsabilidad comercial. El negocio arrancó con 10.000 dólares en préstamos y con el tiempo adoptó el nombre de Omnilife, en el año 2000. A partir de ahí, la empresa creció hasta transformarse en el grupo que dio a Vergara proyección nacional.

Con los recursos de Omnilife, el empresario diversificó. En 2002 entró al cine con Producciones Anhelo, que financió «Y tu mamá también», de Alfonso Cuarón, nominada al Oscar, y «El espinazo del diablo», de Guillermo del Toro. Ese mismo año compró el Club Deportivo Guadalajara, las Chivas, en una operación que derivó en un litigio prolongado hasta 2019, cuando la Suprema Corte ratificó la propiedad. Vergara falleció ese año.

La biografía funciona hoy como relato fundacional de una de las multinivel mexicanas más reconocidas de América Latina, un origen que la propia compañía evoca cuando cuenta cómo pasó de un préstamo de cinco cifras a una red de distribuidores repartida por el continente.


Adaptado del artículo «Antes de Omnilife y Chivas, Jorge Vergara se levantaba a las 4:00 de la mañana para vender carnitas» publicado originalmente en Expansión.

· · ·